| Grado | S&P | Moody’s | Fitch | DBRS | Scope | EthiFinance | PD 5 años* | Lectura del tramo |
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La frontera que de verdad importa
El salto de BBB− a BB+ (Baa3 a Ba1 en Moody’s) no es un escalón más: separa el grado de inversión del especulativo. Muchos mandatos de gestión, la elegibilidad como colateral en el Eurosistema y buena parte de la base inversora institucional se detienen ahí. De ahí que la caída de un emisor por debajo de ese umbral —el conocido fallen angel— tenga un efecto sobre el coste y el acceso a la financiación muy superior al que sugeriría un solo escalón.
Modificadores y perspectiva
Los signos +/− (S&P, Fitch, Scope, EthiFinance) y los números 1/2/3 (Moody’s) matizan cada categoría; en DBRS el equivalente son high y low. La perspectiva (positiva, estable, negativa) anticipa la dirección probable a medio plazo, mientras que la inclusión en watch o revisión señala una decisión inminente ligada a un hecho concreto.
Del emisor al instrumento
La calificación del emisor no es la del papel que emite. A partir del rating de emisor se aplica notching según la prelación y la recuperación esperada:
- Deuda garantizada o senior secured: al alza
- Senior preferred: en línea con el emisor
- Senior non-preferred: uno o dos escalones a la baja
- Subordinada y CoCos: descensos mayores, según absorción de pérdidas
Escala local y techo país
Conviene no confundir la escala global con las escalas nacionales, que reordenan a los emisores de un país entre sí y no son comparables entre jurisdicciones. Y en la mayoría de metodologías, el rating soberano actúa como techo país: salvo excepciones tasadas, ningún emisor domiciliado supera la calificación de su soberano.
Tabla de elaboración propia con fines didácticos y de consulta rápida. Las equivalencias entre escalas son aproximadas: cada agencia aplica su propia metodología, definición de impago y horizonte, por lo que dos calificaciones alineadas en esta tabla no son necesariamente intercambiables. Las probabilidades de impago son órdenes de magnitud orientativos basados en la evidencia histórica publicada del sector, no cifras de ninguna agencia en particular; para uso profesional deben tomarse de los estudios de default y matrices de transición oficiales. Este material no constituye una calificación crediticia ni una recomendación de inversión.